El agua y por ello la hidratación es un componente fundamental para la vida ya que podemos sobrevivir semanas sin comer pero pocos días sin ingerir nada de agua. Nuestro cuerpo se compone de tres cuartas partes de líquido y en los lactantes cuatro quintas partes.

La  hidratación es fundamental para que el organismo pueda llevar a cabo todas sus funciones, por lo que estar bien hidratado es clave en el mantenimiento de nuestra salud.

En verano, con el aumento de la temperatura se incrementa también nuestra temperatura corporal, por lo que para contrarrestar esta situación y eliminar el exceso de calor de nuestro organismo, sudamos, como ya sabemos. El problema está cuando se pierde más agua –y electrólitos, como el sodio y el potasio- de la que se repone.

Normalmente, si las pérdidas no se compensan, la persona puede sentirse cansada o mareada, que son los primeros síntomas de deshidratación, y si la situación se agrava, puede aparecer desorientación, orina concentrada, sequedad cutánea, fiebre alta, taquicardia, e incluso, convulsiones.

Además, la hidratación se hace más esencial al principio y final de nuestras vidas. Es por ello, que niños y ancianos son los más vulnerables en esta época del año. La rutina de beber agua constante debería adquirirse desde pequeños, como un hábito más, ya que, con el paso de los años se pierde la sensación de sed. Por ello convierte a nuestros mayores en potenciales víctimas de la deshidratación, que puede poner en grave peligro su salud.

Todo esto, sumado a las enfermedades crónicas que están acompañadas del consumo de medicamentos, problemas de movilidad o alteraciones cognitivas, los hacen aún más frágiles.

¿Qué debemos hacer para hidratarnos en las épocas de más calor?

Las necesidades de un adulto en condiciones normales –con temperatura y actividad física moderada- son de entre dos y dos litros y medio de líquido al día, y en lactantes, embarazadas y mujeres que hayan dado a luz recientemente estas cantidades aumentan. El líquido que se toma a través de la alimentación es de alrededor de un litro al día, por lo que se hace necesario complementarlo con otras bebidas, como el agua o las infusiones, preferiblemente.

La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, SENC, en 2008, elaboró un decálogo para promover una hidratación saludable, que se resume en:

– Beber entre las comidas y en cada una de ellas, y elegir el agua, preferentemente con un adecuado contenido en sales minerales. No esperar a tener de sed para beber.

– Incrementar la ingesta de frutas, verduras y ensaladas.

– Mantener las bebidas frescas pero no demasdiado, ya que hace que bebamos menos.

– Proporcionar una adecuada hidratación a niños y ancianos.

– Adaptar las cantidades de líquido a la edad, a la actividad física, a las necesidades de salud y a las condiciones ambientales.

– Diez raciones de líquidos al día (que sería entre 200 y 250 mililitros, lo que equivale a un vaso grande) es una buena referencia para una correcta hidratación.

El verano es una época propicia para hacer deporte al aire libre. Sin embargo, hay que tener en cuenta las condiciones de temperatura y humedad, además de protegerse cuidadosamente del sol. Las personas que pasan tiempo practicando deporte en la playa o aprovechan para hacer travesías  por la montaña, deben tener muy en cuenta las condiciones ambientales para hidratarse. Es fundamental beber antes, durante y después de la actividad física. Además, hacerlo de manera adecuada ayuda a mantener el cansancio a raya.

En definitiva, en verano tenemos que tener en cuenta que debemos hidratarnos de manera correcta, y sobretodo enseñar a nuestros pequeños a hacerlo como un hábito de futuro y a nuestros mayores a recordarlo. Así que, ¡viva el verano hidratado!