La flacidez es un problema estético temido sobre todo por las mujeres, en las que se suele presentar con más frecuencia y a edades más tempranas que en los hombres.

La flacidez aparece cuando el colágeno y la elastina, los dos tejidos que mantienen la piel firme, se debilitan. Esto nos puede ocurrir por llevar una mala alimentación, por perder varios kilos en poco tiempo, por exponer la piel al sol durante tiempo prolongado, o simplemente con el paso de los años. Por ello podemos notar que nuestra piel pierde elasticidad y firmeza.

Las zonas más acusadas por la flacidez suelen ser las zonas interiores de brazos y piernas, los glúteos y el abdomen. La flacidez facial también es un hecho, y es más más acusada en papada y párpados.

Actualmente hay muchas alternativas que incitan a la reducción de peso como las dietas milagro, o productos cosméticos de dudosa base científica. Sin embargo, te animamos a que seas consciente del riesgo que algunas de estas técnicas pueden suponer para tu salud, y que sigas algunos consejos que verás a continuación.

Todo empieza por seguir una alimentación equilibrada, incorporando alimentos ricos en antioxidantes, vitaminas y biotinas que ayuden a estimular la producción natural de colágeno. Es muy importante que no te olvides de los dos litros de agua diarios y que intentes prescindir o reducir el consumo de tabaco y alcohol, pues ambos impiden que los antioxidantes hagan su función en el organismo.

Evita quedarte sentado en el sofá y haz algo de ejercicio, no olvides que para tonificar y recuperar la firmeza de tu cuerpo el deporte es un punto imprescindible. Dedícale unos 30 minutos al día a ejercitar con algo de trabajo aeróbico y combínalo, dependiendo de tus circunstancias, con pesas. Si eres constante notarás la diferencia.

Evita también las prendas de vestir muy ajustadas y los tacones altos, pues comprimen la circulación. No abuses del sol y limita la exposición de la piel a temperaturas elevadas, como la cera caliente, los baños con agua muy caliente… Todo ello debilita nuestra piel.

Las cremas y geles reafirmantes son otro aliciente para que los resultados sean más visibles. Aplícalas según te recomiende el fabricante o tu farmacéutico, siempre masajeando en círculos, para mejorar el flujo sanguíneo de la zona y tonificar el músculo.

Trata de elegir tratamientos que en su fórmula contengan colágeno, vitamina C, ácido hialurónico, extractos de algas, vitamina E y café verde. Puedes complementar tu dieta y tu plan reafirmante con complementos nutritivos o nutricosmética para favorecer tu piel.